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evelynallendez:

# Reflecciones…

Desde hace mucho tiempo mi corazón no encuentra las palabras correctas para expresar lo que siento aquí dentro.Puede ser que no sea lo que realmente esperas,y que tan sólo sea para ti una extraña pasando por ahí.Sabes..?

Mi imaginación se hecha a volar cada vez que te miro,fantaseo tantas cosas que jamás pasarán como el sentir tu alma unirse con la mía…Jamás!! La Luna es testigo de mi desesperación y sola platico con ella,le pregunto…donde estará? que hará? pensará acaso en mi? No lo se,y nunca lo sabré.Lo único que se es que pase lo que pase siempre estarás en mí,aún cuando yo no este entre tus pensamientos.

Sé que debo de alejarme de ti,pues tan sólo me estoy dañando a mi misma,y sabes que? así lo haré,por que sólo alejandome de ti te darás cuenta de lo que realmente valgo. Si regresas algún día me daré cuenta de que si estás hecho para mí y no dudaré en entregarte mi alma.Tienes tan sólo una oportunidad para tenerme,después será demasiado tarde y sufrirás lo que yo sufrí por ti por tanto tiempo.

Qué es lo que puedo hacer para que te des cuenta de que quiero estar contigo,compartir experiencias contigo? Es tan sólo un instante el que deseo para que verdaderamente me conozcas.

Mi imaginación se hecha a volar de nuevo,o será que este amor tan sólo existe en mi mente? Quiero imaginar que estoy en tus pensamientos….tan sólo en uno.

Te vi,no me viste ,triste verdad?

Me he cuestionado tantas veces si verdaderamente vale la pena sufrir por tí? Aún no lo se,pues mi corazón es ciego e insiste en ver cosas que no pasarán nunca.

Todo este tiempo sin ti me di cuenta de que te necesito,tu aún no se da cuenta de que de verdad me interesas,pero,será que algún día te darás cuenta??

¿Estará mal sentir lo que siento? o es que acaso no tiene sentido este amor incondicional que siento por ti ¿Crees que es justo sentirme así?

Espero que algún día comprendas lo que siento por ti,y que me mires con esa mirada tan profunda que sólo tu sabes expresar.

Pretendo que surge ese momento,el momento de nuestro encuentro,tal vez sea pronto o quizás tardará,pero estoy segura de que… “Algún día pasará…

Beethoven.

6 de Julio, en la mañana

Mi ángel, mi todo, mi propio ser - Sólo unas pocas palabras hoy en día ya que con lápiz (con el tuyo) - No hasta mañana será mi alojamiento será determinado definitivamente en - lo que una inútil pérdida de tiempo - ¿Por qué este dolor profundo cuando la necesidad habla - puede soportar nuestro amor, sino por los sacrificios, por no exigir todo el uno del otro, se puede cambiar el hecho de que usted no está completamente mía, yo no completamente tuyo - Oh Dios, mira hacia las bellezas de la naturaleza y consolar su corazón con que que debe ser - el amor exige todo y que con toda justicia - por lo que es a mí con usted, y para su conmigo. Pero se olvida tan fácilmente que yo debo vivir para mí y para ti, y si nos unimos totalmente se sentiría el dolor de tan poco como yo - mi viaje fue muy terrible, yo no llegaron aquí hasta las 4 de ayer mañana. Caballos que carecen de la post-entrenador eligió otra ruta, pero ¡qué horrible uno, en una fase anterior de la última vez que fue advertido de no viajar de noche, se me hizo temeroso de un bosque, pero eso sólo me hizo el más impaciente - y yo estaba equivocado. El entrenador debe analizar las necesidades en el camino miserable, un camino de lodo sin fondo. Sin postillones como la que tuve con mí me han quedado atrapados en la carretera. Esterhazy, viajando por el camino habitual aquí, tuvo la misma suerte con ocho caballos que tuve con cuatro - Aún tengo un poco de placer de ella, como siempre lo hago cuando he conseguido superar las dificultades - ahora un cambio rápido a las cosas internas de las cosas externas . Seguramente veremos de pronto y, además, hoy no puedo compartir con ustedes los pensamientos que he tenido durante estos últimos días tocando mi propia vida - Si nuestros corazones estaban siempre juntos, yo no quería saber nada de ellos. Mi corazón está lleno de tantas cosas que decirte a ti - ah - hay momentos en los que siento que las cantidades discurso ante nada en absoluto - Ánimo - siguen siendo mi verdad, mi único tesoro, mi todo como yo soy tuyo. Los dioses nos debe enviar el resto, lo que para nosotros debe ser y será -

(via matinededomingo)

Te regalo un cuento, por Jorge Gonzalvo Díaz Te regalo un cuento. Podía haber sido un paseo por el parque o una canción a medio hacer. Una carta de amor, un capuccino en tu plaza favorita o un truco de magia sin ensayar apenitas. Pero no. Quería que fuera un cuento. No para después de hacer el amor ni para que nos echemos de menos. No para que suene el Adaggieto de la quinta de Mahler, ni nada por el estilo. Te regalo un cuento para que puedas hacerlo tuyo dibujándole una narizota, para que lo compartas con tu vecina de escalera o con tu gato. Para que elijas la banda sonora que te apetece que suene de fondo mientras lo lees. Yo tengo mis canciones para escribirte. Tu las tuyas para leerme. Te regalo un cuento para que puedas llevarlo contigo, dobladito en el bolso, o entre las páginas de un libro de Benedetti. Para que cuando te enfades conmigo puedas estrujarlo y hacer con él una pelota de papel, arrojarlo por la ventana y mirar complacida cómo lo atropella un autobús. Para que lo fotocopies mil veces y le entregues una copia a quien más te apetezca. Para que envuelvas con él una manzana o para colgarlo en tu pared. Para que le claves alfileres los días en los que me matarías. O para apuntar encima del título el teléfono de tu banco. Te regalo un cuento improvisado. De esos que empiezas a escribir sin pensar y que no sabes cuándo acaban. Te regalo esta noche y todas las demás. Te ofrezco mi sonrisa non stop, sin conservantes ni colorantes. Aún a riesgo de poder ser acusado de alevosía y nocturnidad, y aunque puedan encontrarse muchos más agravantes. Te dejo abierta la ventana para que te cueles, para que me espíes ésta noche. Para que me veas sin que te vea. Para que me cuides un poco sin que yo lo sepa. Te regalo una idea. El concepto más hermoso de complicidad, un escenario vacío en el que buscar la manera de encontrarse. Te regalo un cuento que habla de amigos y de sueños, de noches de verano pegajosas, de mí mismo mientras me imagino tu cuarto desde lo alto del cielo, antes de lanzarme en picado sobre tu almohada. De kamikazes que se estrellan en tus brazos y que no vuelven a despegar, ni falta que les hace. Te regalo el kit completo de cariño, el maletín mágico con el que jugabas de niña a maquillar muñecas y cocinar guisos de plastilina mientras yo fabricaba dinamita con el Quimicefa. Te regalo un cuento indeterminado sin pies ni cabeza, sin trama ni desenlace final, sin argumentos y sin actores de reparto. Sin moraleja. Y si la tiene, que sólo tú la conozcas. Lo único que necesitas es apagar la luz, cerrar los ojos y la puerta de tu habitación, no necesariamente en ese orden. Dejar que te lea al oído, olvidarte de las facturas y del telediario. Quererme un poco más que hace cinco minutos y hacérmelo saber, de alguna manera. Te regalo un deseo. Llenarte de unas ganas locas de reír y de que salgas corriendo en busca de una diadema bonita para el pelo. Que necesites llamarme y te encuentres pidiéndome que apague la luz, que cierre mi puerta y entonces, empieces a leer el mismo cuento que estás leyendo ahora. Y ojalá no podamos dejar de llamarnos cada noche, para contarnos el mismo cuento. Toda una vida. Un cuento para llevarte de viaje, y para leerle a tus hijos y a los míos, a tus nietos y a mi abuela. A las calles y a los parques. Te regalo un cuento sin papel de colores ni un “espero que te guste”. Sin aplicar el IVA y sin descuento por pronto pago. Un cuento que habla de ti y de mí, que pueda leerse cualquier día del año, a cualquier hora, sea cual sea tu estado de ánimo o tu sabor favorito de helado.

Anoche quise escribirte, pero ya era tarde. Pasaba de la medianoche y yo me debatía si debía mandarte un mensaje o no. Me reí por las noches en las que no lo pensé y simplemente lo hice. Pero las cosas cambiaron. ¿Cambiaron, verdad? Al final me dije que te escribiera, que no habría problema porque ya sabes lo terriblemente espontánea que soy, pero pensé -incluso con el mensaje escrito- que ya no tenía ese derecho, que ya no podía escribirte a mitad de la noche sólo para decirte que te quiero, que ya no era la dueña de tus sueños para irrumpir en ellos, que no debía quitarte horas de descanso sólo por un antojo de mi corazón. De mi caprichoso corazón. Anoche quise escribirte, dibujarte una sonrisa en los labios y -quizás, sólo quizás- alegrar tu día, pero entre el jurado, protagonizado por la razón, y el juez que resultó ser mi conciencia, me han negado tan atrevida petición. Para resistir mis impulsos y satisfacer mis caprichos: hurgué en mis recuerdos. Me paré de la cama y encendí la luz, recogí esa caja de madera que guardo en el closet y tomé un viaje en el tiempo; habían fotos, tantas que se me hizo imposible contarlas, notitas de mis amigas, regalos de amores pasados y tú. Si, tú estabas en una pequeña caja en mi armario. Estaban tus sonrisas regadas en todos lados, un botón de tu camisa que había encontrado entre mi cabello alguna vez, estaba esa foto que te tomé mientras creías que jugaba con mi teléfono. Luego miré alrededor y me levanté exaltada: no sólo estabas en mi cápsula del tiempo, estabas disperso en toda mi habitación. Encontré tus miradas acostadas en mi cama, tus cosquillas en el suelo -junto a mí-, tus sueños en mi almohada, tus palabras rebotando en las paredes, los atisbos de tus risas guindados en mi espejo y tus besos aún persiguiéndome en el armario. La cinta que ataste a mi muñeca, esa que aun no sé de donde sacaste, el día que nos conocimos estaba colgada en el borde de mi cama, recordándome que los sueños se pueden hacer realidad y que la ficción puede llegar a ser real. El pasaje de tren de esa vez que pensaste que la primera cita en un viaje de cuatro horas a una ciudad que ninguno de los dos conocía no podía ser más que perfecta, estaba pegado en mi cartelera, en esa zona reservada para los lugares que amo y a los que me encantaría volver. Todas las notas que me pasabas cuando estábamos rodeados de gente -y cuando estábamos solos- estaban apiladas en un compartimiento especial de la caja, recordándome que alguna vez me dijiste que me dabas escritos porque tus palabras eran demasiado reales y sinceras como para decirlas en voz alta y que jamás las recordara, que de esta forma siempre que lo quisiera estarían allí para mí. Guardé el reloj roto que me diste cuando me dijiste que junto a mi no pasaba el tiempo y que por eso siempre seríamos eternos. También estaba la hoja de verano que reposaba en tu cabello la primera vez que nos besamos y el anillo de goma que me diste cuando entre risas y bromas me aseguraste que nos casaríamos. Encontré los secretos que nunca te conté, la grapa que me diste cuando te dije que mi corazón estaba roto y las baterías que me lanzaste cuando te dije que no podía más. Amontoné en un rincón tus abrazos en las noches y tus besos de buenos días, tus melodías y tus risas, tus rabietas y caricias. También estaban los dobles ejemplares de muchas novelas, esos que comprabas para leer junto a mí o para recitar juntos los diálogos. Por último hallé el mapa que me diste para que eligiera a donde quería ir y el boomerang que venía con el como una promesa de siempre volver a ti. Mi cuarto se plagó con palabras no dichas, pero entendidas. Con sentimientos no expresados, pero sentidos. Con abrazos no al cuerpo, sino al alma. Y con un extraño sentimiento que vagamente se parecía a la felicidad y a la aceptación. Si, anoche quise escribirte, pero no dejaba de sonreír y de pensar lo ilógico que es que haya guardado tanto de ti y tú no estés aquí; así que con una sonrisa tonta en los labios, albergada allí por tantos recuerdos, y un desastre extravagante en mi cuarto me fui con un Morfeo sospechosamente parecido a ti a la tierra donde todavía gozo de tus abrazos y te robo besos, a la tierra donde siempre seremos eternos.

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María Alejandra Bravo, Finalista en el concurso de Cartas de Amor, Mont Blanc 2012

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